De dónde viene la creencia de que el amor se gana
Los psicólogos Edward Deci y Richard Ryan, dentro de su Teoría de la Autodeterminación, describen lo que se conoce como autoestima contingente: un sentido de valor propio que sube y baja según si cumples ciertas condiciones — logros, comportamiento, cumplir expectativas — en vez de un sentido de valor estable, que no depende de tener que demostrar nada.
Esto empieza con ejemplos muy concretos de la infancia. Si de niño trajiste una buena nota, acabaste un rompecabezas o le pegaste bien a la pelota, venía una compensación emocional: un abrazo, una palabra de aliento. Pero si hacías cosas que no le gustaban a tus cuidadores, venía una represalia: menos cariño, un regaño, un gesto de desaprobación. De ahí nacen frases como "los niños buenos no lloran" o "los niños buenos acaban su comida" — y con ellas, etiquetas como "niño bueno" y "niño malo" que van condicionando el cariño que recibimos según cómo nos portamos. (Vale la pena decirlo: en algún grado, todos crecemos con algo de amor condicionado — no es exclusivo de nadie.)
Para muchos hombres gay, esto tiene una capa extra: notar, desde chicos, que actuar más "varonil" traía más cariño que ser más femenino, y que decir ciertas cosas aceptadas por la dinámica familiar traía más afecto que salirse de ella. De ahí la sospecha, más o menos consciente según cada quien, de que era "mejor" ocultar un poco la parte gay que ya eras. Esa sospecha no siempre se resuelve del todo, ni siquiera después de salir del clóset y ser aceptado: la costumbre de "ganarse" el amor se queda, aunque la condición original ya no esté.
Cómo se manifiesta de adultos
La autoestima contingente no desaparece sola cuando crecemos — se transfiere. La misma lógica de "merezco amor si cumplo la condición" se mueve hacia la pareja, la amistad, el trabajo:
• En pareja: dificultad para creer que alguien te quiere "solo porque sí" — buscar constantemente evidencia de que sigues siendo suficiente, o sentir que en cuanto bajes el ritmo (de logros, de esfuerzo, de disponibilidad) el amor se va a ir.
• En amistad: sentir que hay que ser la persona divertida, útil o disponible para "merecer" el lugar en el grupo.
• En el trabajo: el logro como la única forma segura de sentirte valioso.
• Para papás de hijos gay: notar, con el tiempo, que muchas de las propias expectativas hacia su hijo (una boda tradicional, nietos, cierto camino de vida) eran condiciones puestas sin darse cuenta — y el proceso, a veces lento, de separar esas expectativas del amor real.
El costo de vivir bajo esta creencia
Vivir bajo autoestima contingente significa que el amor nunca se siente completamente seguro — siempre hay una pregunta de fondo: "¿ya hice lo suficiente para merecerlo hoy?" Esa pregunta no tiene una respuesta final, porque no está buscando información — está buscando permiso para descansar, y ese permiso nunca llega desde afuera.
El costo se nota en dificultad para recibir cariño, cumplidos o cuidado sin sentir la necesidad de "devolverlo" de inmediato; en un cansancio de fondo por estar constantemente demostrando, incluso en relaciones donde nadie te lo está pidiendo; y en interpretar un mal día ajeno o una crítica pequeña como evidencia de que "ya no eres suficiente" e incluso como culpa propia, en vez de como algo puntual y normal. También aparece el síndrome del impostor: sentir que no mereces algo aunque lo hayas hecho bien.
Cómo empezar a cambiarlo
Esto no cambia diciéndote "ya merezco amor" y punto — se está peleando con muchos años de haber sido de cierta forma. Dos ejercicios concretos para empezar:
1. Practica recibir sin devolver de inmediato. La próxima vez que alguien te haga un cumplido, te ayude o te dé cariño, resiste el impulso de "emparejar la cuenta" al momento. Di "gracias" y quédate ahí, aunque incomode. No pasa nada si no regresas nada de inmediato — las relaciones no se llevan como una cuenta que hay que igualar hoy mismo; a la larga se va sumando de los dos lados.
2. Elige una relación que ya sea segura, y baja el ritmo a propósito. Con una sola persona en la que confíes mucho, deja de ofrecerte para todo y de estar siempre disponible. Pide ayuda en vez de ofrecerla primero. Observa qué pasa: la mayoría de las veces, la relación sigue intacta — y eso es la evidencia de que te quieren independientemente de que estés "ganándotelo" todo el tiempo.
El amor real no se gana con un desempeño. Se recibe, o no es amor — es una transacción con otro nombre.
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Tu metamorfosis ya empezó.
Mauricio Raigosa


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